Parida con cinco pujos. Así llegó al mundo Cintia Estrada Miyar, en La Habana, el 12 de diciembre de 1986. Años después, Cintia con su madre, María Teresa, y su abuela, doña Tere, llegaron a Mérida, Yucatán.
Este linaje de mujeres constituye un hilo fino, fuerte y único cual tela de araña. Quienes las conocen saben de su resistencia y de su capacidad de acogida y amor (¡imposible escapar!). De este tejido es testimonio la vida de Cintia y hoy aquí abrimos un espacio para su recuerdo.
Cintia hablaba varias lenguas: la cubana, la yucateca y la lengua de la música. ¿Quién no tiene un recuerdo de ella bailando y cantando desde chiquita?
Creciendo decidió estudiar arquitectura. En esos años me mostró la foto de un compañero de estudios, un tal… Misael Marín. Nos dijimos: « ¡Guapo! » El resto… son 20 años de historia de Amor.
Pensando en su vida me doy cuenta de que cada momento de dolor, lo hizo creación.
Su tesis de arquitectura habla de los espacios adaptados para las personas con Alzheimer, honrando a su abuela. Cuando llegó la enfermedad, también nació el podcast CA+. Y las clases de canto y las presentaciones públicas.
¿Qué más decir para presentar a Cintia? La princesa de su madre, Tere ; la adoración de su familia y de amigas y amigos alrededor del mundo. La compañera de vida de Misael, la pareja más cómplice y divertida que he conocido, rebosante de amor. También supo ser un poco « hija » para muchas mujeres maravillosas, que fuimos tocadas en esa tela de araña. Recordarla cantando « I’m feeling good » es una lección de vida. Cantar en el dolor, cantarle a la vida.
Dio amor y lo recibió hasta el final.
Cintia nos dejó físicamente el 13 de enero de 2026. Físicamente.